ESPACIO DE SALUD MENTAL

  

APEGO INSEGURO DESORGANIZADO

Por Cecilia Gutiérrez A., Psicóloga,  NSW SLASA 
psychologist@nswslasa.com.au 

  

Si bien todos los estilos de apego inseguro mencionados  las semanas anteriores, representan un riesgo importante para el desarrollo infantil, el estilo de apego   desorganizado es considerado el de más alto riesgo, puesto que los padres presentan incompetencias parentales severas y problemas emocionales graves, producto de experiencias traumáticas en su infancia,  tales como haber sido víctima de maltrato infantil, negligencias, abandono, abusos sexuales y un sinfín de experiencias traumáticas no elaboradas. Este estilo de apego en particular se vincula de manera directa con el maltrato infantil.

Los padres que establecen una relación vincular de apego desorganizado con sus hijos, no sólo no poseen las capacidades parentales para responder de manera adecuada a las necesidades básicas y afectivas de sus hijos, sino que la mayoría de las veces, los maltratan física y psicólogicamente. Las estadísticas demuestran que, el 80% de los niños que manifiestan este estilo de apego sufre maltrato infantil severo en su hogar.  Lyons-Ruth & Block, (1996) citado en Dantagnan (2005) afirman que: “Mientras más severa es la historia de violencia y abuso de los padres, más hostil es la relación con sus hijos. (…) las experiencias traumáticas no elaboradas, impregnan sus prácticas parentales de miedos intensos y angustias, que se transforman en rechazo, violencia física o abuso sexual”.

  

Es importante destacar que, todas las experiencias traumáticas de naturaleza física o psicológica afectan de manera considerable el desarrollo infantil en distintas dimensiones tales como, desarrollo afectivo, social, cognitivo-conductual y también la esfera  biológica puesto que, una nutrición deficiente por una necesidad  básica insatisfecha o la deprivación afectiva elevan los niveles de cortisol (hormona del estrés) en la sangre, lo cual afecta el sistema inmune y el desarrollo cerebral, deteriorando el desarrollo neurológico, lo que a su vez, podría derivar en trastornos y/o retrasos significativos en los procesos de aprendizaje del niño.

  

Los niños con estilo de apego inseguro desorganizado,  como la palabra lo indica, tienen experiencias relacionales tempranas tan dolorosas y caóticas que ni siquiera pueden organizarse en responder de una forma regular y característica en su relación con sus cuidadores.  Main y Solomon (1990) fueron los primeros en reconocer y caracterizar este cuarto estilo de apego (D) en niños que no correspondían a ninguna de las clasificaciones de apego tradicionalmente conocidas, propuestas por Ainsworth. Alrededor el 75 a 80% de la población de niños maltratados presenta estilos de apego desorganizado. Dantagnan (2005)

  

Según las investigaciones de la última década, este estilo de apego es considerado de alto riesgo. Es un estilo que se genera en ambientes familiares con padres o cuidadores que han ejercido estilos de relaciones parentales altamente incompetentes y patológicas como consecuencia de haber sufrido experiencias de vidas severamente traumáticas, tales como haber sido víctima de malos tratos físicos graves, negligencias, abusos sexuales y /o pérdidas múltiples no elaboradas en su propia infancia. Respecto de esto (Lyons-Ruth & Block,  1996 citado en Dantagnan, 2005) afirman que: " Mientras más severa es la historia de violencia y abuso de los padres, más hostil es la relación con sus hijos. (…) las experiencias traumáticas no elaboradas, impregnan sus prácticas parentales de miedos intensos y angustias, que se transforman en rechazo, violencia física o abuso sexual".  

Los niños que presentan este estilo de apego, son hijos de padres con incompetencias parentales severas y crónicas:  Muchos de estos padres presentan una patología psiquiátrica crónica, o son alcohólicos o toxicómanos. Lo más probable es que lo que caracteriza la vida psíquica de los bebés con padres cuyo estilo parental es violento, desconcertante, temible e impredecible, sea una vivencia de terror, impotencia y falta absoluta de control sobre lo que ocurre. Dantagnan (2005).

  

Cuando el niño intenta acercarse a la madre o al cuidador para satisfacer sus necesidades físicas y afectivas, provocará ansiedad en éste. Por el contrario, si se aleja, también la figura de apego se sentirá provocada, y canalizará su ansiedad mediante comportamientos hostiles y de rechazo. De esta manera, el resultado será la vivencia repetida de angustia, miedo y desesperanza. La figura de apego, se convierte entonces, en una paradoja vital, imposible de resolver para el niño: “de quienes depende totalmente y de quienes espera su fuente de seguridad, son fuente de su temor”.

  

Como afirman (Solomon & George, 1999 citado en  Barudy & Dantagnan, 2005) se trata de padres y madres que rechazan las conductas de apego de sus hijos, y muchas veces utilizan amenazas de abandonarlo o enviarlo a otro lugar. El niño entonces desde su nacimiento, pasa de una casa a otra, de una familia a otra, o de su familia a una institución, y en adelante, a otras instituciones. Según Barudy & Dantagnan las consecuencias de este proceso se denominan “síndrome del peloteo”. Este síndrome está en relación directa con el tipo de apego desorganizado. Los cambios continuos y abruptos en el contexto de vida que sufre un niño desgastan sus capacidades de vincularse, de confiar y de creer en el mismo y en los otros. 

  

Respecto del  contexto escolar, los niños que sufren un apego desorganizado tendrán muchas dificultades para respetar las estructuras de la sala de clases. Socialmente, son niños que presentan trastornos importantes del comportamiento y terminan estigmatizados como problemáticos, “matones” o “agresores”.  Sus reacciones frente a la autoridad termina por ser insoportable a la vista del profesor cuánto más grandes son los niños: faltan el respecto, agraden y amenazan verbal o físicamente. También pueden presentar comportamientos de excesiva inhibición, aislamiento y rechazo de ser considerados parte del grupo. Cualquiera de los dos extremos, notorios, no pasa fácilmente desapercibido. Respecto al rendimiento académico, sus dificultades para concentrarse los llevan a conseguir pocos logros académicos y al fracaso escolar. El proceso de aprendizaje exitoso, requiere poner en marcha varias funciones cognitivas, tales como la memoria, la percepción, la atención, el pensamiento y la reflexión, funciones que han sido afectadas de manera importante como consecuencia de los traumas vividos. Por lo tanto, desarrollar este tipo de tareas, resulta un gran desafío para los niños con apego desorganizado. Dantagnan (2005)

  

Por otra parte, un niño expuesto a maltrato, debido a  un estilo de apego desorganizado,  lo más probable es que perciba el maltrato como “algo natural” y aprenda que la violencia es una forma “válida” de relacionarse con los demás y de resolver problemas. Esta forma de percibir el mundo y relacionarse con los demás, generará indudablemente, serias dificultades tanto a nivel  afectivo, como en las relaciones interpersonales a corto, mediano y largo plazo, dificultando el desarrollo de relaciones cercanas, sanas, cálidas, íntimas, empáticas y confiables. Por lo demás, cuando se encuentre frente a  situaciones conflictivas o de frustración, no tendrá los recursos necesarios para manejar y resolver estas situaciones de manera adecuada, puesto que la percepción, control de impulsos, capacidad de diálogo, reflexión y otras funciones cognitivas han sido seriamente afectadas al vivir situaciones de violencia doméstica al interior del hogar.  

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