ESPACIO DE SALUD MENTAL

  

APEGO INSEGURO EVITATIVO

Por Cecilia Gutiérrez A., Psicóloga,  NSW SLASA 
psychologist@nswslasa.com.au 

  

 La semana anterior comenzamos a abordar el tema del apego inseguro, específicamente del tipo ansioso  ambivalente. Esta semana daremos a conocer el apego inseguro de tipo evitativo, en qué consiste, cuales son las manifestaciones más habituales y cómo influye en el desarrollo infantil y de la personalidad.

Hablamos de un apego inseguro evitativo, cuando la madre y/o el padre no responde de manera adecuada a las necesidades básicas y afectivas de su hijo y lo evita,  tomando distancia emocional del niño.  Los padres por problemas emocionales probablemente surgidos en su infancia con sus propias figuras de apego, sienten sentimientos como angustia, rechazo, y hostilidad frente a su hijo. Todo esto se expresa en actitudes o conductas evitativas;  un niño que llora, incómodo por una necesidad insatisfecha, genera una incomodidad o tensión que le resulta difícil de manejar. Por lo tanto los padres intentarán manejar la situación negando las necesidades de su hijo y decir, por ejemplo, que no tiene hambre, cansancio o dolor. La evitación por parte de la madre y/o el padre provoca un gran riesgo para el desarrollo y futuro emocional del niño, puesto que  las diversas experiencias de rechazo, de cuidados de poca calidad, falta de cariño y estabilidad,  le impiden al niño desarrollar relaciones sociales cercanas, cálidas, empáticas y confiables.  Cuando el niño se enfrente a situaciones problema le será muy difícil manejarlas y resolverlas de manera adecuada, puesto que evidentemente, no se ha desarrollado la confianza básica inicial y por lo tanto, tampoco la confianza en sí mismo.

  

El estilo de apego evitativo se caracteriza por ser un mecanismo de autoprotección que consiste en evitar o inhibir la conducta que busca proximidad con su figura de apego. Cuando las respuestas obtenidas por parte de ésta no sólo no satisfacen las necesidades afectivas del niño, sino también son generadoras de estrés, angustia y dolor, la inhibición de sus conductas de apego, como todo lo relacionado con su mundo emocional, le proporcionarán una vivencia de pseudoseguridad. Dantagnan (2005)

  

Las investigaciones muestran que los niños que han desarrollado un estilo de apego evitativo han sido cuidados en su primera infancia por padres o cuidadores cuyas relaciones con el niño son una combinación de angustia, rechazo, repulsión y hostilidad. Todo esto se expresa en actitudes o conductas controladoras, intrusivas y sobreestimulantes. Un bebé que llora, incómodo por una necesidad insatisfecha, cansado o temeroso, genera en su cuidador una incomodidad o tensión que le resulta difícil de manejar. Por lo tanto intentará manejar la situación negando las necesidades de su hijo y decir, por ejemplo, que no está cansado, con hambre o con dolor. La respuesta es tomar distancia emocional del niño, forzándolo a modificar su estado emocional. Con esta forma intrusiva de responder a las necesidades del niño, el cuidador intentará controlar las emociones que le generan malestar. Dantagnan (2005)

  

Un niño cuidado por personas con estos estilos parentales  organizará una estrategia evitativa para relacionarse con ellos y por consiguiente, con los demás. Esto genera serias dificultades en el niño, tanto a nivel  afectivo, como en las relaciones interpersonales a corto y largo plazo, dificultando el desarrollo de relaciones cercanas sanas, cálidas, íntimas, empáticas y confiables. La evitación de la experiencia emocional provoca un gran riesgo para el futuro emocional del niño,  ya que cuando él se encuentre en situaciones conflictivas o de frustración, no tendrá los recursos necesarios para manejar estas situaciones de manera adecuada, puesto que la percepción, la reflexión y otras funciones cognitivas se verán afectadas o contaminadas. Dantagnan (2005)

  

Perry (1999) en tanto, refiere que los niños que tienen un apego inseguro, sienten unas emociones inconsistentes, de castigo, no sensibles con parte de sus cuidadores, y se sienten amenazados en momentos de estrés.

  

Brandon et. al., (1999) refiere que, en la etapa escolar, cuando aumenta la capacidad simbólica, los niños con estilo de apego evitativo reemplazan su conducta de evitación por una inhibición psicológica. Esto se expresa a través de que todo lo que no entra en el ámbito emocional puede ir bien, incluso pueden mantener a sus padres interesados en ellos a través de logros físicos,  académicos, etc., pero sin dar espacio a la intimidad. Sin embargo, en el desarrollo psicosocial, pueden manifestar serias dificultades   en relación a su grupo de pares y con los adultos que les rodean.

Cyrulnik (2003) concuerda con esto, señalando que:   

(…) cuando un niño que ha adquirido este tipo de vínculo, ingresa al colegio,  no incita a sus compañeros a la interacción, y cuando le invitan a relacionarse evita el encuentro. Sintiéndose desgraciado y falto de confianza en sí mismo, se sitúa en la periferia, esquiva las miradas, se chupa el pulgar, se balancea o finge integrarse en un objeto lateral que lo protege del cara a cara. (p. 107)

De esta manera, las diversas experiencias de rechazo, de cuidados de poca calidad y de ausencia de sintonía emocional, les impiden desarrollar confianza en sí mismos y en lo que los demás les pueden ofrecer. Por otra  parte, al no experimentar una aceptación fundamental en sus relaciones tempanas, difícilmente pueden desarrollar confianza y valía personal y una autonomía basada en el apego y no en la evitación social. Por lo tanto, lo que les queda es utilizar esta estrategia de protección para sostenerse en una  especie de autosuficiencia emocional que les da la ilusión de no necesitar a otro.

  

  

  

Atrás

  

Acerca de nosotrosServicios para la comunidadNoticias Próximas actividadesInformacionSalud MentalContáctenos
© 2008 SLASA

  

  

  

  

web design by magicdust

inglés    español