ESPACIO DE SALUD MENTAL

  

ESTILOS DE APEGO Y SU INFLUENCIA EN EL DESARROLLO INFANTIL

  

  
Por Cecilia Gutiérrez A., Psicóloga,  NSW SLASA
psychologist@nswslasa.com.au 

  

Si bien es cierto, los vínculos de apego son necesarios a lo largo de todo el ciclo vital, resultan particularmente cruciales en la primera infancia, debido a que influyen de manera importante en el desarrollo de la personalidad. De los factores protectores  descritos por los distintos autores, existe un consenso relacionado con el establecimiento de un vínculo afectivo seguro, con alguna  persona significativa para el niño, ya sea su madre u otro adulto con el cual pueda relacionarse de manera cálida y estable, es uno de los factores protectores más relevantes y resulta ser clave, tanto para el desarrollo infantil positivo, como para el desarrollo de comportamientos resilientes. De esta manera resulta fundamental entonces, comprender cuál es el papel que cumple la figura de apego en la interacción con el niño y de qué manera es que el apego de tipo seguro  beneficia el desarrollo infantil y promueve comportamientos resilientes. 

  

El Apego   

  

El apego es un concepto que ha sido desarrollado en el área de la psicología y se describe como “...el vínculo emocional recíproco y perdurable en el tiempo entre el niño y un cuidador”  Papalia et. al., (2005).

  

Esto quiere decir que el apego, es el vínculo (relación afectiva, conexión emocional)  que se establece entre el niño y quien se encarga de su crianza, que generalmente es la madre y/o el padre. Se caracteriza por una ser una relación perdurable en el tiempo, en que tanto el niño como su cuidador contribuyen a la calidad de la relación. Existen básicamente dos estilos de Apego, un apego  que favorece el desarrollo infantil y  de la personalidad; Apego Seguro y  un estilo de  apego  que, muy por el contrario, dificulta  el desarrollo infantil positivo; Apego Inseguro (evitativo, ansioso ambivalente o desorganizado)

Un vínculo cálido, afectivo y estable (apego seguro) fomenta el desarrollo infantil positivo en sus distintas dimensiones (afectivas, cognitivas y sociales), así como también, un desarrollo sano de la personalidad.  

En cambio, un vínculo inseguro, caracterizado por  la deprivación afectiva (poca o nula calidez emocional) inestabilidad, incongruencia y en algunos casos maltrato infantil, está íntimamente vinculado a una gran cantidad de desórdenes problemas emocionales, cognitivo-conductuales y sociales en la infancia y  en la vida adulta.

  

 Apego de tipo seguro

  

Todo niño, independiente de su raza,  sexo o religión, necesita tener satisfechas ciertas necesidades indispensables para su desarrollo y maduración.  Necesita que sus padres atiendan sus necesidades básicas   (alimentación, sueño, higiene, salud) y afectivas (cariño, aceptación, seguridad, estabilidad).  Proporcionarle un ambiente cálido, seguro y estable que le transmita confianza y seguridad es tan importante como el alimento, la higiene y las vacunas.

  

Se desarrolla apego seguro  cuando la relación que se establece entre el niño y sus padres, se caracteriza por ser una relación afectiva, cálida, segura y estable, en la cual tanto las necesidades básicas como afectivas  están satisfechas adecuadamente. Los padres demuestran una respuesta “sensible” frente a las necesidades de sus hijos y responden empáticamente a éstas.  

Dicha relación produce seguridad, tranquilidad,   consuelo y agrado en el niño. La cercanía física y las demostraciones de cariño son permanentes. De esta manera el niño  que vive una relación de apego seguro, se siente “seguro”, “aceptado” y “en confianza”, lo que le permite explorar el mundo tranquilamente,   porque tiene la certeza de la disponibilidad afectiva; en cualquier caso de peligro podrá recurrir a sus padres y estos estarán presentes para contenerlo y ayudarlo.

  

Este, en particular, es uno de los aspectos iniciales más  importantes del desarrollo infantil;  los niños necesitan desarrollar un sentido de confianza en las personas (en una primera instancia, los padres). El sentimiento de que existe una “disponibilidad afectiva”, permite el desarrollo de la “confianza básica inicial” que más tarde se transformará en “la confianza en sí mismo”, que le permitirá al niño establecer relaciones sociales satisfactorias, basadas en la confianza y la empatía.

  

 Munist et. al., (1998) refiere que: 

"Sentirse querido significa, para cualquier niño, sentirse aceptado y valorado. Puede intentar resolver o superar situaciones difíciles apoyándose en la seguridad afectiva de ser aceptado. El niño necesita de afecto incondicional. Aquel que perdura sin exigencias, que no depende de su comportamiento. Podrá equivocarse, cometer errores y desobedecer, pero sin perder por ello el afecto. Esto le muestra al niño que él vale por sí mismo, con sus posibilidades y limitaciones. Es una fuente de tranquilidad, de seguridad y de autoestima. Ese afecto incondicional es, posiblemente, el pilar fundamental del apego seguro”

Munist et. al., (1998)

  

  

Si el  niño no tiene acceso a una relación afectiva que le otorgue seguridad, muy difícilmente podrá desarrollar la confianza en sí mismo. Si no puede confiar en sus padres, que son las figuras primarias más cercanas para él, entonces ¿qué se espera del resto?

  

La ausencia de cariño y cuidados, en cambio,  provoca un riesgo importante para el desarrollo infantil.  Un vínculo de tipo inseguro, caracterizado por una relación con poca o nula calidez emocional, inestabilidad, incongruencia y en algunos casos maltrato, está íntimamente vinculado a una gran cantidad de desórdenes emocionales, cognitivo-conductuales y sociales, tanto  en la infancia, como    en la vida adulta.

  

Los niños con apego de tipo inseguro, generalmente manifiestan entre otros, trastornos del aprendizaje y bajo rendimiento escolar. Es importante destacar que, para que el proceso de aprendizaje resulte efectivo, requiere de manera indispensable  funciones cognitivas tales como; memoria, percepción,  atención y reflexión. Estas funciones son afectadas de manera considerable en una relación de apego inseguro, abuso y  maltrato.

  

Primeros años de Vida; Un período Critico 

 

Las evidencias entregadas por las investigaciones desde el campo de la Psicología y las Neurociencias, indican que los primeros años de vida son críticos en la formación de la inteligencia, la personalidad y las conductas sociales. Recientes investigaciones proponen que el cerebro, dada su responsividad, es decir, plasticidad a la experiencia ambiental, resulta afectado en su estructura y función por ella.

  

 La estimulación sensorial del medio, afecta la estructura y la organización de las conexiones neuronales en el cerebro durante el período formativo. Entonces, la oportunidad de tener experiencias perceptivas y motoras complejas en los primeros años tendrá favorables efectos en variados aprendizajes. Estas investigaciones muestran que el 50% del crecimiento del cerebro ocurre en los primeros 5 años de vida. En esta etapa, existen períodos críticos para la maduración del cerebro humano, ya que en los primeros cinco años de vida, millones de células nacen, crecen y se conectan. La estructura y organización de estas conexiones resultan determinadas por las interacciones con el medio, en particular, por las relaciones con los demás. Cuando estos procesos de desarrollo, maduración y conexiones no ocurren adecuadamente, tienen un impacto negativo en los niños. (Myers, 1992 citado en [Unesco, 2004].

  

Esto se explica dado que, en la corteza cerebral, diferentes regiones incrementan su tamaño (al aumentar el número de dendritas en cada neurona) cuando son expuestas a condiciones estimulantes y, mientras más prolongadas éstas, mayor su crecimiento. Esta actividad cerebral sería dirigida de modo muy grueso por patrones neuronales genéticamente configurados; en tanto, los detalles de dichos patrones (es decir, la cantidad y tipo de conexiones sinápticas) estarían en gran parte condicionados por la interacción con el ambiente. Greenough et al. (1987) citado en Masten y Coastworth (1998). 

  

Para alcanzar los más altos niveles de desarrollo cerebral a través de la interacción con el ambiente es crucial la “oportunidad”, es decir, el momento de la vida, en que ésta ocurre: si bien el aprendizaje continúa a través de todo el ciclo de vida, hay tiempos específicos para que se realice en forma óptima. Puesto que las diferentes regiones del cerebro maduran en distintos momentos, cada una de ellas es más sensible a distintas experiencias en diferentes edades y, por esta razón, durante estos períodos críticos, el cerebro es particularmente eficiente ante particulares tipos de aprendizaje y susceptible de ser alterado en su “arquitectura”. En términos concretos, esto quiere decir que al individuo se le abren distintas “ventanas de oportunidades” (“windows of opportunity”) para el aprendizaje en momentos específicos de la vida, los que, de acuerdo a ciertos autores, no se extenderían más allá de los diez o doce años de edad. Hancock (1996). 

De esta manera, las investigaciones dan cuenta de una creciente evidencia respecto de la importancia de una estimulación adecuada en los primeros años de vida, abarcando la integridad del desarrollo. En este sentido estudios recientes muestran resultados importantes en términos del efecto que a nivel de desarrollo neuronal, tiene la presencia de estimulación y cariño adecuado, incluso desde la etapa prenatal. 

  

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